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Naseema Qochi, comadrona, se le reconoce fácilmente cuando camina por la espartana clínica sanitaria situada cerca de un jardín de rosas en el polvoriento laberinto de Qlia Bakhtyar. El agente sanitario está examinando a un joven muchacho que la saluda calurosamente: “Salaam alaikum”. En esta comunidad, tres generaciones de mujeres han pasado ya por las manos de Naseema al dar a luz a sus niños y niñas. “Naseema es el doctor” explica otra comadrona para describir el papel primordial de esta gran dama y el respeto que ella inspira.

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Encontrar a las mujeres, a pesar de la actual austeridad de las familias

En esta empobrecida región, conservadora, las familias son reticentes a que sus mujeres den a luz en un establecimiento sanitario donde, sin embargo, pueden ser tratadas las eventuales complicaciones por profesionales y poder salvar sus vidas. Yo les animo a ir a la clínica. Hablo con sus maridos. Les hablo de los riesgos ligados al embarazo… pero ellos reúsan”, se lamenta Naseema, miembro de una asociación de comadronas afganas apoyada por la organización Jhpiego“Un día, una mujer se había caído de lo alto de un tejado. No la llevaron a la clínica”.

Cuando Naseema va al encuentro de las mujeres. Les enseña nutrición, lactancia, les describe los signos de peligro durante el embarazo, las maneras de cuidar a un recién nacido y les procura los cuidados requeridos durante los meses que preceden al alumbramiento. Naseema y su colega, la comadrona Golghotia Mosleh llegan a una casa, equipadas con una maleta de cuero que contiene todo su material médico: tensiómetro, comprimidos de hierro para prevenir las anemias, jeringuillas, tijeras,  pinzas, hilo, cloro, medicamentos de urgencia… Estas comadronas trabajan para la delegación de Tierra de hombres (Tdh – Ayuda a la infancia), que se compromete sobre todo por la salud de las madres y de los niños y niñas afganas.

Convencer a las familias para asistir a sus mujeres y a sus hijos e hijas

En esta mañana de otoño, Naseema y Golghotia  visitan a una adolescente embarazada, que vive con su madre, su hermano adolescente y su marido en casa de un vecino, en la habitación de invitados. Es la tercera vez que Naseema ve a esta jovencita, embarazada de 7 meses. Además de examinarla, las dos comadronas explican a la madre de la adolescente lo que debe hacer si el bebé llega prematuramente o si la joven no puede llegar a tiempo a un centro de salud.

Naseema despliega entonces una manta de plástico que coloca en la alfombra. Se anuda un foulard blanco, limpio, sobre su cabeza y pide una palangana de agua. Naseema muestra a la madre como se debe lavar las manos correctamente,  hacer espuma con el jabón entre los dedos y frotarse hasta los codos. Enseguida abre su bolso y saca varios accesorios: una muñeca bebé y una pequeña caja recubierta de un material que parece una cortina plisada. Naseema dirige su lección a la madre de la jovencita y comienza a escenificar un parto; el corte del cordón umbilical; los cuidados al recién nacido y la expulsión de la placenta.

“Si hacéis frente a las dificultades, si no hay una comadrona cerca de vosotras o el bebé viene en medio de la noche, debéis saber que hacer”, ledice a la madre que suspira profundamente.

En el distrito que ella cubre, Naseema tiene una lista de pacientes que atiende a 500 mujeres embarazadas y jóvenes madres. Cuando el bebé se presenta en mala posición o cuando hay complicaciones, Naseema paga un coche que llevará a la madre al hospital más próximo. Después del nacimiento, Naseema va a casa de la madre para hacerles el seguimiento a ella y al bebé.

Lo esencial: dar a luz en un hospital con personal cualificado

Con  57 años, Naseema es comadrona desde hace cerca de 30 años. Debe haber asistido al nacimiento de 50.000 bebés. Durante estas tres décadas, ha visto a cada vez más mujeres escoger parir en un hospital o en una clínica, un cambio que ella atribuye a la educación y al final del régimen extremista religioso de los talibanes. Este cambio es importante para mantener a las mujeres vivas: la investigación ha demostrado que un nacimiento asistido por un agente de salud cualificado es una de las principales maneras de reducir la mortalidad materna.

“Antes, yo asistía a 60 alumbramientos al mes a domicilio. Ahora no hago más que 20. Es una gran diferencia,” explica ella. “Yo pasaba a menudo cuatro días sin dormir. Ahora estoy más libre. Tengo tiempo.”

Y sin embargo, la madre de nuestra joven embarazada insiste en que llamará a Naseema cuando el bebé esté a punto de nacer. Naseema sonríe, orgullosa de lo que le responde: “Yo les animaría a ir al hospital para parir. Es mi responsabilidad”.

Tierra de hombres provoca un cambio positivo en la vida diaria de más de dos millones de niños y niñas y a sus familias cada año.

Fuente: Tierra de Hombres

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